Cartas a Marilyn

01 octubre 2006

El abrazo

Querida Marilyn:

Dicen que estás triste y que tu luz se apaga, que un demonio-angel te ha hecho daño. No conozco ni a los demonios ni a los ángeles, ni me gustaría; sólo sé que has sufrido por su culpa y eso me hace desconfiar de ellos. ¿Por qué tú, que intuías el peligro, no te supiste alejar? No te regaño, y más aún, te apoyo.

No es fácil irnos de aquello que queremos; no es fácil ver el mal en aquello que se tiñe del color del amor o del cariño. No es fácil dejar de querer, olvidar; no es fácil, y por ello esta misiva no servirá para regañarte, para subrayar tus posibles errores, para hacerte sufrir un poco más.

Es una carta acompañada de unas escaleras para alcanzarte, para llegar a tu lado y darte todo mi apoyo; el mismo que he resguardado durante mucho tiempo en un lejano abismo, lejos de ti, avergonzado de ser una simple roca y fijarme en un brillante estrella.

Y te abrazaría con todas mis fuerzas, como si fuera lo último que pudiera hacer en el mundo, te protegería de todo el mal y no dejaría que nada ni nadie te hiciese daño. Me siento inútil por la distancia, inútil por unas simples escaleras y un breve momento; porque no me acostumbro a verte apagada, escondida y muy triste.

Me entristece ver que has perdido luz, que tus lagrimas me golpean y que me pides ayuda en silencio.

Y por eso me ayudaré de unas escaleras para llegar hasta ti y darte ese abrazo tan largo

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