Cartas a Marilyn

01 febrero 2005

La estrella en el firmamento


Querida Marilyn:

El tiempo cada vez se hace más eterno sin ti, sin la sensación de saber que tu pensamiento esté fijo en mi. Sé que nuestros corazones se han intercambiado, porque siento en mí tus sensaciones, tus miedos, tus ansias. Pero estás lejos, y la lejanía es un sentimiento de pérdida, de simulacro de muerte. Porque falta en mí la respiración. Y sé también que no queda mucho tiempo para que nuestros ojos se vuelvan a encontrar, a que nuestros silencios se entrometan en tus aventuras, en tus nuevas experiencias que con tanta pasión me transmites. Y yo te escucho, te sonrío y te miro a los ojos. Me gusta observarte, ver cada uno de tus gestos, y no perderme en la belleza que te resplandece. Y sin embargo, me siento inútil. Siento inútil mis sentimientos, cual un espejismo en un desierto. Eres la estrella que nunca alcanzaré pero siempre veré, y mi felicidad es verte todos las noches y deleitarme con tu luz, tu vida por ti misma. Y siento que eres única entre todas las estrellas, entre la multitud de pequeños puntos con los que todas las noches me encuentro. Nada más me apena que la llegada del alba, el momento en que mi vida toma cuerpo en forma de aburrimiento, de tristeza y de sosiego. Mucho silencio noto, mucho miedo a perderme, a no volver a verte, a perderte. Que un día, tu luz se apague para mí. Se pierda en la inmensidad del firmamento. Sigo soñando, sigo esperando y todas las noches espero la llegada de la mañana en tu presencia.

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