Cartas a Marilyn

05 junio 2005

Lejos


Querida Marilyn:

Sólo uno se da cuenta de cuánto quiere a una persona cuando la tiene lejos, cuanto más cerca la tiene de su corazón y de su espíritu. Hace tiempo que no te veo y que no puedo admirar la belleza humana, y sin embargo cada día te siento cerca de mí, en ese rincón llamado corazón pero que yo conozco como la ventana desde donde te miro. Te miro todas las noches, te encuentro en el cielo. No eres la más brillante ni la más grande, pero eres única para mis ojos, y por eso me es fácil dar contigo. Sé, que desde tu lejanía, me observas diariamente y, cuando no puedes, mandas a tu amiga la Luna que me vigile. Fue ella quien primero me encontró, pero tú fuiste quien verdaderamente supo ver en mis ojos. Miro en la lejanía del tiempo, ese hombre que poco a poco va dejando su estela, y no encuentro el momento en el que más feliz me haya encontrado contigo. ¿Por qué? Porque todos los momentos han sido felices, porque has sabido hacerme ver las cosas de una manera única. Tanto las malas como las buenas. Por eso te aprecio enormemente, porque si bien a veces me he enfadado mucho contigo, sé que al final has tenido razón porque me ha servido para conocerme un poco más. ¿Y qué decir de los buenos momentos? Pues sinceramente, han sido los mejores en mi vida, porque la luz de tus ojos me han abierto nuevos mundos desconocidos para mí. Porque, en definitiva, me haces sentir el séptimo cielo cuando estoy contigo, y me haces sentir muy desdichado cuando no estoy contigo. Y por eso te tengo en mi corazón.

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