Cartas a Marilyn

05 diciembre 2006

En tres palabras

Querida Marilyn:

Mi mente no deja de pensar en ti, recorre mentalmente por todos los recuerdos que tengo de ti y me envía un mensaje: no hay chica más maravillosa en el mundo y no conocerás a nadie que te haga tan feliz.

La felicidad es complicada, rehuye de los seres humanos y se esconde en los lugares más recónditos; yo creo que la he encontrado cuando me encuentro contigo, cada vez que nuestros ojos se miran y nuestros corazones palpitan. La felicidad es tan pasajera, tan limitada, que yo aprovecho hasta el límite esos escasos días en que nos permiten alentar nuestra esperanza; pero es la felicidad de verse en otra persona a través de los ojos, de ver el paraíso y zambullirse en él.

Y la felicidad parece tan lejana y tan malvada que une aquellos corazones que estan lejos; pero es tan buena que, a veces, decide que se pueden ver; que pueden disfrutar de un encuentro y saciar su necesidad de alegria, dicha y cariño.

Porque eso es lo que siento: necesidad de estar cerca de ti, alejar la distancia y acercar nuestra felicidad; siento ganas enormes de abrazarte, mimarte y darte todo aquello que tengo escondido en mi corazón.

Y siento todo esto porque, en tres palabras, te quiero mucho

26 octubre 2006

Única entre millones


Querida Marilyn:

Cuando leas esto, seguramente estaré de camino. Cuando te des cuenta, llegaré a tu lado y te daré mi fuerza; me volveré a ir pero dejaré algo en ti, quizás parte de mi o parte de mi corazón.

Cuando pienses en mi mientras leas esto, te gustaría verme y abrazarme. Cuando me veas y me abraces, me dejarás a mi una huella muy profunda. Y esa huella querrá limpiar tus heridas y sofocar tus lágrimas, estar junto a ti para los malos momentos; y en esos momentos, nuestros pasos se unirán y seremos una sola persona.

Creerás que yo soy tu salvador, y yo veré en ti a la heroína caída. Ni yo te salvaré ni tu estarás caída, solamente nos apoyaremos mutuamente en las profundidades de nuestros seres y alejados de aquello que te hace daño y me asusta.

Y te secaré las lágrimas, hijas de un profundo dolor y de una tristeza que surge de un pozo sin fondo. Bucearemos juntos en él para sacar las angustias y secarlo, para mirarnos a los ojos y ver nuestros espíritus limpios de mal.

Porque un espíritu te ilumina, te mima y abraza cuando lo pasas mal. No lo conoces, no lo ves ni lo sientes. Solamente está junto a ti, te levanta cuando te caes y te regaña cuando haces algo mal; no son muchas las veces, pero son unas pequeñas piedras que te ayudan a seguir.

Sigue tu camino, estrella. Olvidate de aquello que te hace daño e ilumina a los demás y sé tan maravillosa como siempre has sido, destacada entre las demás. Eres única entre millones de pequeños puntos que veo.

Eres única porque te acabo encontrando, y te acabo encontrando porque no te escondes y dejas que me acerque con mi escalera a observarte maravillado.

01 octubre 2006

El abrazo

Querida Marilyn:

Dicen que estás triste y que tu luz se apaga, que un demonio-angel te ha hecho daño. No conozco ni a los demonios ni a los ángeles, ni me gustaría; sólo sé que has sufrido por su culpa y eso me hace desconfiar de ellos. ¿Por qué tú, que intuías el peligro, no te supiste alejar? No te regaño, y más aún, te apoyo.

No es fácil irnos de aquello que queremos; no es fácil ver el mal en aquello que se tiñe del color del amor o del cariño. No es fácil dejar de querer, olvidar; no es fácil, y por ello esta misiva no servirá para regañarte, para subrayar tus posibles errores, para hacerte sufrir un poco más.

Es una carta acompañada de unas escaleras para alcanzarte, para llegar a tu lado y darte todo mi apoyo; el mismo que he resguardado durante mucho tiempo en un lejano abismo, lejos de ti, avergonzado de ser una simple roca y fijarme en un brillante estrella.

Y te abrazaría con todas mis fuerzas, como si fuera lo último que pudiera hacer en el mundo, te protegería de todo el mal y no dejaría que nada ni nadie te hiciese daño. Me siento inútil por la distancia, inútil por unas simples escaleras y un breve momento; porque no me acostumbro a verte apagada, escondida y muy triste.

Me entristece ver que has perdido luz, que tus lagrimas me golpean y que me pides ayuda en silencio.

Y por eso me ayudaré de unas escaleras para llegar hasta ti y darte ese abrazo tan largo

11 septiembre 2006

La vuelta del abismo

Querida Marilyn:

Las letras rememoran el tiempo ya lejano, cuando tú me guiabas mientras escribía. Ha pasado demasiado tiempo rellenado con silencios, lejanía y amor oculto. Parece que ha pasado una vida que los dos hemos vivido, lejos uno del otro, apartados del mismo camino. Consciente o inconscientemente lo hemos hecho, y no hemos dudado en no volver a mirar atras como si dejáramos Lot, y en realidad hemos dejado otra vida.

La vida de una estrella y de una roca: de dos seres que estaban lejos pero cerca. La vida de un amor imposible, irreal, fantasioso, silencioso. Pero era un amor soñado, aunque los sueños sean siempre sueños.

La realidad es dura, y lo acepté; y un día tu luz se apagó en el momento que más brillaba, cuando pensaba que estaba más cerca de ti y, subido a una escalera, proyectaba alcanzarte. Me caí en las profundidades de un abismo oscuro y triste, donde la luz del cielo no llegaba. Allí conocí otras historias y otro mundo. También había una luz mortecina, apagada e intermitente que se diluía en las cuevas yendo y viniendo. Me recordaba a ti, pero no eras tú aunque yo lo pensara e incluso deseara que lo fueras, por miedo a no poder olvidarte y que tu profunda huella siguiera estando en mi corazón.

Mucho tiempo pasó, y pocas noticias recibí de ti. Los mensajeros hablaban de lejanas estrellas que habitaban mundos maravillosos acompañados de galantes príncipes. Te reconoci en algunas de las descripciones de gran belleza que me relataban, de tales magnitudes que solamente tu podías ser. Me emplacé a alegrarme de tu dicha, a pesar de mi tristeza; y a cambio solamente obtuve celos para ti y más desdicha para mi.

Te olvidé, o eso intenté: me parecía que el abismo era bonito a su manera, y que las luces tenían un imán en su intermitencia. Supuse que todo era igual en un mundo más arriba o más abajo, que me merecía ser feliz.

Me tendrás que perdonar ese egoísmo: crei que si tú habías encontrado la felicidad (y los mensajeros no dudaban en relatarla), yo necesitaba también conocerla, abrigarla en mi regazo y disfrutarla en mi corazón. Vano intento el mío, porque quizás nunca conoceré una felicidad igual a la que he vivido contigo.

Y ahora, desgraciadamente, he tenido noticias de que has perdido la luz que te guiaba, y se hablaba de una princesa triste que no dejaba de llorar, de un alma perdida en un lejano bosque y herida en profundidad. Es hora de que abandone mi abismo y vuelva a la antigua morada, que nunca ha dejado de ser mi casa, pero de la que un día me fui.

La roca vuelve a buscar a la estrella, ahora un tanto apagada y que necesita un hombro donde llorar, unos ojos a los que mirar y unos oídos que le escuchen.

Te he echado de menos y el sentimiento, ése lugar en mi corazón, no se ha perdido.

Te sigo queriendo mucho, y un sentimiento muy agradable recorre mi cuerpo cuando pienso que pronto nos veremos

07 julio 2005

Solamente quería decirte

Querida Marilyn:

Esta carta sólo tiene un motivo y una causa. Bebe de una sola fuente, de un lugar alejado y escondido en donde tu y quizás yo podemos llegar. Es un lugar donde no hay personas, donde el cuerpo físico no existe y el alma humana se desnuda. Hay un lago de agua tranquila y del mismo color que tus ojos: de un azul tan bonito que no encuentro palabras para describirlo. Y alrededor del lago hay un bosque donde la naturaleza y su alma reinan alejados de la maldad humana, hablando en un idioma desconocido para todos nosotros. Y sentados a la orilla del lago, viendo el bonito paisaje que nos rodea y, lleno de toda el alma y la savia de ese paraiso, te miro a los ojos y te digo con todas las palabras surgidas desde el alma que te quiero. Solamente quería decirte eso, Marilyn.

05 junio 2005

Lejos


Querida Marilyn:

Sólo uno se da cuenta de cuánto quiere a una persona cuando la tiene lejos, cuanto más cerca la tiene de su corazón y de su espíritu. Hace tiempo que no te veo y que no puedo admirar la belleza humana, y sin embargo cada día te siento cerca de mí, en ese rincón llamado corazón pero que yo conozco como la ventana desde donde te miro. Te miro todas las noches, te encuentro en el cielo. No eres la más brillante ni la más grande, pero eres única para mis ojos, y por eso me es fácil dar contigo. Sé, que desde tu lejanía, me observas diariamente y, cuando no puedes, mandas a tu amiga la Luna que me vigile. Fue ella quien primero me encontró, pero tú fuiste quien verdaderamente supo ver en mis ojos. Miro en la lejanía del tiempo, ese hombre que poco a poco va dejando su estela, y no encuentro el momento en el que más feliz me haya encontrado contigo. ¿Por qué? Porque todos los momentos han sido felices, porque has sabido hacerme ver las cosas de una manera única. Tanto las malas como las buenas. Por eso te aprecio enormemente, porque si bien a veces me he enfadado mucho contigo, sé que al final has tenido razón porque me ha servido para conocerme un poco más. ¿Y qué decir de los buenos momentos? Pues sinceramente, han sido los mejores en mi vida, porque la luz de tus ojos me han abierto nuevos mundos desconocidos para mí. Porque, en definitiva, me haces sentir el séptimo cielo cuando estoy contigo, y me haces sentir muy desdichado cuando no estoy contigo. Y por eso te tengo en mi corazón.

29 mayo 2005

No quiero pero te quiero

Querida Marilyn:

Mucho tiempo hace ya. Mucho tiempo desde que te volví a escribir, desde que mis letras se dirigían a ti. Mucho tiempo porque han pasado muchas cosas, tantas que no es este el momento ni el lugar para rememorarlas. Había perdido la esperanza de que formaras parte de mi vida, de que recordaras al menos lo que había significado para ti. Había entendido que el paso del tiempo había erosionado nuestros corazones, enfriado nuestros sentimientos y distanciado nuestra relación. ¿Quién ha tenido la culpa? Quizás he sido yo, que había perdido la esperanza de que tu, la estrella lejana, pudiera fijarse en una arisca piedra como yo. Si alguna vez había tenido esa vana esperanza, parecía que ya la había perdido y que mi sueño era ingenuo; era sólo eso: un sueño. Pero yo realmente desconocía que detrás de todo eso, detrás de tu aparente negativa, había un profundo amor escondido y una necesidad mutua de encontrarnos no sólo en sueños. Supe que la estrella lejana necesitaba verse reflejada en la pieda. Supe, en definitiva, lo que había escondido detrás de ti y lo que verdaderamente sentías y apreciabas. Gracias de todo corazón por esos sentimientos, porque cualquiera (aunque sea una piedra) necesita sentirse querido y apreciado. Pero recuerda que soy una piedra, y que había perdido la esperanza, que ya no recordaba cómo era tu alma. Y que por eso me sentí soprendido, y he necesitado varias horas para poder comprobar todo esto. He tenido que recordar que te sigo apreciando tanto como antes. He llegado a comprender que eres lo más importante en mi dura vida. Pero no quiero pensar que ya es demasiado tarde, y que ahora tu luz mira hacia otro lado. No quisiera perderte ahora para siempre