Cartas a Marilyn

29 mayo 2005

No quiero pero te quiero

Querida Marilyn:

Mucho tiempo hace ya. Mucho tiempo desde que te volví a escribir, desde que mis letras se dirigían a ti. Mucho tiempo porque han pasado muchas cosas, tantas que no es este el momento ni el lugar para rememorarlas. Había perdido la esperanza de que formaras parte de mi vida, de que recordaras al menos lo que había significado para ti. Había entendido que el paso del tiempo había erosionado nuestros corazones, enfriado nuestros sentimientos y distanciado nuestra relación. ¿Quién ha tenido la culpa? Quizás he sido yo, que había perdido la esperanza de que tu, la estrella lejana, pudiera fijarse en una arisca piedra como yo. Si alguna vez había tenido esa vana esperanza, parecía que ya la había perdido y que mi sueño era ingenuo; era sólo eso: un sueño. Pero yo realmente desconocía que detrás de todo eso, detrás de tu aparente negativa, había un profundo amor escondido y una necesidad mutua de encontrarnos no sólo en sueños. Supe que la estrella lejana necesitaba verse reflejada en la pieda. Supe, en definitiva, lo que había escondido detrás de ti y lo que verdaderamente sentías y apreciabas. Gracias de todo corazón por esos sentimientos, porque cualquiera (aunque sea una piedra) necesita sentirse querido y apreciado. Pero recuerda que soy una piedra, y que había perdido la esperanza, que ya no recordaba cómo era tu alma. Y que por eso me sentí soprendido, y he necesitado varias horas para poder comprobar todo esto. He tenido que recordar que te sigo apreciando tanto como antes. He llegado a comprender que eres lo más importante en mi dura vida. Pero no quiero pensar que ya es demasiado tarde, y que ahora tu luz mira hacia otro lado. No quisiera perderte ahora para siempre

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